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Crisis de pánico

¿Qué son las crisis de pánico? ¿Cómo se viven? ¿Cómo ayudar a quien las está experimentando?

 

Las crisis de pánico —también llamadas ataques de pánico o crisis de angustia— son episodios de ansiedad intensa que aparecen de forma brusca y se acompañan de síntomas físicos muy intensos.Quienes las experimentan suelen describir palpitaciones, sensación de falta de aire, dolor u opresión en el pecho, mareos, hormigueo en las extremidades, náuseas, sudoración o temblores. A esto se suma un miedo intenso, muchas veces acompañado de la sensación de que algo terrible está por ocurrir: desmayarse, perder el control, volverse loco o incluso morir.Para quien vive una crisis por primera vez, la experiencia suele ser tan intensa que es frecuente pensar que se trata de un infarto u otra urgencia médica, motivo por el cual muchas personas consultan inicialmente en un servicio de urgencias.Cuando las crisis comienzan a repetirse, aparece con frecuencia otro problema: el miedo a que vuelvan. Como consecuencia, algunas personas empiezan a evitar determinados lugares o situaciones donde creen que podría desencadenarse una nueva crisis, limitando progresivamente su vida cotidiana.¿Por qué ocurren?No existe una única explicación para las crisis de pánico. Desde una perspectiva psicodinámica, muchas veces pueden comprenderse como la expresión de una ansiedad que ha sobrepasado la capacidad de la persona para elaborarla o ponerla en palabras.En algunos casos aparecen durante períodos de alto estrés o frente a situaciones vividas como especialmente amenazantes. En otros, parecen surgir cuando se ha acumulado tensión emocional durante mucho tiempo sin encontrar una vía de expresión.Aunque la experiencia resulta profundamente angustiante, una crisis de pánico no es peligrosa en sí misma. Lo que ocurre es que el sistema nervioso entra en un estado de máxima activación, desencadenando una intensa respuesta física que suele dejar a la persona agotada una vez que termina.Muchas personas aprenden estrategias para sobrellevar las crisis, pero eso no siempre significa que el problema haya sido resuelto. Cuando el origen de la ansiedad permanece intacto, es frecuente que las crisis reaparezcan frente a nuevas situaciones de estrés o ante estímulos que la mente ha asociado con experiencias previas de ansiedad.Una crisis aislada no implica necesariamente un trastorno de pánico. Sin embargo, cuando las crisis se repiten y el temor a volver a experimentarlas comienza a afectar la vida cotidiana, es importante buscar ayuda profesional.¿Cómo ayudar a alguien que está viviendo una crisis de pánico?Quien está atravesando una crisis de pánico se encuentra emocionalmente sobrepasado. En ese momento le resulta muy difícil pensar con claridad, ya que toda su atención está centrada en las intensas sensaciones físicas y en el miedo que estas generan.Lo más importante es mantener la calma y transmitir seguridad. No es necesario minimizar lo que la persona siente ni decirle que "se tranquilice". Para ella, la experiencia es completamente real y muy angustiante.Puede ser útil hablar con un tono de voz pausado y decir frases sencillas como:"Estoy contigo.""Esto va a pasar.""Sé que se siente muy intenso, pero estás a salvo.""Respiremos juntos."Guiar la respiración lentamente también suele ayudar. Respirar de manera lenta y profunda envía señales al sistema nervioso de que el peligro ha pasado, favoreciendo que el organismo vuelva progresivamente a un estado de mayor calma.En algunas personas también resulta útil favorecer el contacto con el entorno: observar objetos alrededor, sentir el apoyo de los pies en el suelo o describir lo que ven y escuchan. Estas estrategias ayudan a disminuir la sensación de quedar atrapados en la propia ansiedad.Cada persona es distinta. Algunas agradecerán que les tomen la mano o permanezcan cerca; otras preferirán contar con más espacio. Lo importante es acompañar sin invadir y transmitir seguridad durante todo el episodio.¿Las crisis de pánico tienen tratamiento?Sí. Las crisis de pánico tienen tratamiento y, en la gran mayoría de los casos, presentan un muy buen pronóstico.La psicoterapia permite comprender qué está sosteniendo la ansiedad, desarrollar nuevas formas de enfrentarla y disminuir progresivamente la frecuencia e intensidad de las crisis.En algunos casos también resulta recomendable complementar el tratamiento con evaluación psiquiátrica. Los medicamentos pueden ser una herramienta útil para controlar niveles elevados de ansiedad, especialmente cuando las crisis son muy frecuentes o generan un importante deterioro en la vida cotidiana. Esto no reemplaza el trabajo psicoterapéutico, pero muchas veces facilita que la persona pueda realizarlo en mejores condiciones.El objetivo no es únicamente que las crisis desaparezcan, sino comprender por qué aparecieron y desarrollar recursos que permitan enfrentar el malestar de una manera más saludable y duradera.

¿Cómo se viven las crisis de pánico? 

 

Esta escena de la serie This Is Us muestra a Randall, un personaje que ha convivido con crisis de pánico durante gran parte de su vida. A través de su historia es posible comprender cómo la ansiedad puede instalarse de forma persistente, afectando el funcionamiento diario, las relaciones y la calidad de vida. Con el apoyo de su esposa, Randall decide iniciar un proceso de psicoterapia, dando el primer paso para comprender aquello que hay detrás de sus síntomas.

"Pasan los días y sigo sintiéndome igual"
Sobre la expectativa de la terapia y el proceso de cambio.

Pacientes que han comenzado recientemente una psicoterapia suelen, con frustración o queja, señalar “Siento que estoy peor” “Todo sigue igual”. Durante las primeras sesiones hay pacientes que sienten mucho alivio, pero otros pueden sentirse igual (incluso peor!). Esto es esperable cuando el paciente empieza a enfrentar la realidad y a desahogar el sentir que tuvo contenido por mucho tiempo. Hablar del tema con alguien lo hace real, y eso puede generar sentimientos de vulnerabilidad.

 

Cuando se asiste a terapia se tiene una fantasía de cura, es decir, una idea de cómo será sanar. Esta idea puede ser consciente o no, pero está instalada pudiendo frustrar mucho al paciente si no coincide con lo que esperaba. No alcanzar esa expectativa se vive como un autorreproche a la propia imagen o como una insuficiencia para el otro, lo cual genera tristeza y ansiedad. La ansiedad por lograr un cambio nos mantiene expectante de resultados y eso impide enfocarnos en el proceso (sobre todo en pacientes que consultan por ansiedad!). Lo anterior puede implicar que aparezcan quejas contra el psicólogo y el proceso, e incluso que se abandone la psicoterapia. 

Si bien pareciera que no se está avanzando porque el paciente se siente igual, hay que tener en cuenta que los cambios en el sentir toman tiempo. ¡Se puede llevar toda la vida funcionando de una manera, entonces no conocemos otra forma y nos incomoda salir de esta "zona de confort" aunque sea esta misma la que nos está perjudicando. Primero se suelen experimentar cambios puntuales y alivio momentáneo, y luego cambios en la forma en que se ven las cosas. Los cambios más profundos se ven a largo plazo.

 

Por otra parte, puede estar pasando que el paciente no ve los cambios o no los identifica como tal porque sigue sintiendo dolor. Por ejemplo, no valora que el hecho de estar atreviéndose a hablar ya es más de lo que se venía haciendo, o puede pensar que pasar de la rabia a la tristeza es un retroceso, sin embargo, esto es un avance. El terapeuta, desde afuera, sí logra ver los cambios y le mostrará, por ejemplo que, si bien la tristeza sigue presente, está pudiendo hacer muchas cosas que antes no podía, aún con la tristeza, y eso es estar cambiando

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Escena para reflexionar sobre la voz que acompaña la baja autoestima, la falta de autoaceptación y los sentimientos de culpa. En ella se muestra a Jesse, un traficante poliadicto que ha estado involucrado en muertes y ha hecho daño a mucha gente, que asiste terapia grupal en contexto de rehabilitación.

A lo largo de mi experiencia clínica he observado que existen dos aspectos de la vida cotidiana que con frecuencia reflejan cómo nos encontramos emocionalmente: cómo dormimos y cómo vivimos nuestra sexualidad. Rara vez constituyen el motivo principal de consulta. Sin embargo, suelen aparecer como parte del malestar del paciente o cobrar relevancia a medida que avanza el proceso terapéutico. En esta ocasión quiero detenerme en la sexualidad, porque es un tema que, de una u otra forma, nos atraviesa a todos. No existe persona —ni pareja— que no haya enfrentado dudas, dificultades o conflictos relacionados con ella en algún momento de su vida. La sexualidad está profundamente relacionada con distintas áreas de nuestra vida: la autoestima, la relación con el propio cuerpo, la crianza, las experiencias afectivas, la comunicación, la identidad y la manera en que nos vinculamos con los demás. Muchas veces, las dificultades sexuales no constituyen el problema en sí mismo, sino la manifestación de otros procesos. Por ejemplo, el estrés puede asociarse a dificultades de erección; una educación marcada por la culpa puede dificultar el disfrute; el bajo deseo sexual puede formar parte de un cuadro depresivo; y los problemas de comunicación pueden terminar afectando la intimidad de la pareja. Existen tantas formas de vivir la sexualidad como personas en el mundo. Sin embargo, también compartimos creencias, mitos y tabúes que muchas veces condicionan la forma en que la experimentamos. Comprenderlos puede ayudarnos a vivir nuestra sexualidad de manera más libre, consciente y satisfactoria. Para profundizar en este tema, elegí una conferencia de Borja Vilaseca, quien reflexiona sobre los factores que influyen en nuestra forma de vivir la sexualidad y que, con frecuencia, terminan convirtiéndola en una fuente de conflicto o malestar. Entre los temas que aborda se encuentran: La falta de educación sexual. La influencia de la cultura, la religión, los mitos, los prejuicios y el machismo. La tendencia a reducir la sexualidad únicamente a la penetración, dejando de lado otras formas de intimidad y encuentro. El impacto del estrés, la rutina y la búsqueda constante de inmediatez. Las expectativas irreales respecto de la sexualidad. La importancia de la comunicación y del autoconocimiento. Borja Vilaseca desarrolla estos temas con cercanía, humor y un lenguaje muy accesible, invitándonos a cuestionar muchas de las ideas que hemos aprendido sobre la sexualidad. Te invito a verlo, ya sea de manera individual o en pareja, como una oportunidad para reflexionar sobre la forma en que vives tu propia sexualidad.

¿Cómo se viven las crisis de pánico? Esta escena de la serie This Is Us muestra a Randall, un personaje que ha convivido con crisis de pánico desde hace muchos años. A lo largo de su vida intenta mantener el control frente a experiencias profundamente estresantes, mientras la ansiedad va afectando su bienestar, sus relaciones y su vida cotidiana. Finalmente, al tomar conciencia de lo que le ocurre y con el apoyo de su esposa, decide iniciar un proceso de psicoterapia para comprender el origen de su sufrimiento y aprender nuevas formas de enfrentarlo.

Los videos incluidos en el blog muestran escenas de ficción o conferencias realizadas por terceros que, si bien pueden estar basadas en evidencia científica y pueden reflejar realidades, no demuestran una verdad absoluta. Por su parte, los textos del blog están escritos por mí, en base a mi formación y experiencia clínica. Cada persona es única y, por tanto, los casos deben ser analizados según contexto, historia, antecedentes, personalidad, etc. Para ello está la evaluación psicológica y psicoterapia, espacio que se centra en la individualidad y subjetividad del paciente.

Bárbara Bornscheuer W.

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