Depresión

¿Cómo se vive la depresión?
La depresión suele asociarse con tristeza, pero en la práctica clínica puede manifestarse de muchas maneras. Algunas personas lloran constantemente; otras, en cambio, sienten un profundo vacío, apatía o irritabilidad. Los manuales diagnósticos, como el DSM-5, establecen criterios que ayudan a identificar un episodio depresivo. Entre ellos se encuentran: estado de ánimo deprimido la mayor parte del tiempo; pérdida del interés o del placer por actividades que antes resultaban agradables; cambios importantes en el sueño o el apetito; cansancio persistente; dificultad para concentrarse; sentimientos de inutilidad o culpa excesiva; enlentecimiento o agitación psicomotora; pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio. Sin embargo, los pacientes rara vez describen sus síntomas utilizando estos términos. Con mucha más frecuencia dicen cosas como: "No puedo levantarme de la cama." "Todo me pesa." "Nada me entretiene." "Me da lo mismo todo." "Me gustaría desaparecer." "A veces pienso que sería mejor no despertar." Estas frases permiten comprender cómo se vive realmente la depresión desde la experiencia subjetiva de quien la padece. Desde una perspectiva psicoterapéutica, el objetivo no consiste únicamente en disminuir los síntomas. También buscamos comprender por qué aparecieron, qué función cumplen y qué están intentando expresar. En psicoanálisis entendemos el síntoma como una forma —generalmente inconsciente— de responder a un conflicto que aún no ha encontrado otra manera de resolverse. Por eso, aliviar el sufrimiento es importante, pero comprender su origen permite generar cambios más profundos y duraderos. Así como la fiebre nos indica que algo ocurre en el organismo, los síntomas psicológicos también nos hablan de un malestar. El síntoma no es el problema en sí mismo: es la señal que nos invita a mirar aquello que necesita ser comprendido.

"Pasan los días y sigo sintiéndome igual"
Sobre la expectativa de la terapia y el proceso de cambio.
"Siento que estoy peor."
"No veo ningún cambio."
"Todo sigue igual."
Estas son frases que muchos pacientes expresan durante las primeras semanas de psicoterapia. Lejos de significar que el tratamiento no está funcionando, muchas veces forman parte esperable del proceso.
Algunas personas experimentan alivio desde las primeras sesiones. Otras, en cambio, sienten que el malestar sigue presente o incluso aumenta. Esto puede ocurrir porque comenzar a hablar de aquello que se ha evitado durante mucho tiempo implica enfrentarse a emociones que antes permanecían contenidas.
Poner en palabras el sufrimiento lo vuelve más consciente. Y cuando algo deja de evitarse y comienza a ser mirado de frente, es normal sentirse más vulnerable. Eso no significa que se esté retrocediendo; muchas veces es el inicio del verdadero trabajo terapéutico.
La fantasía de cómo debería ser sanar
Cuando iniciamos una psicoterapia solemos tener una idea —consciente o inconsciente— de cómo debería sentirse el proceso de recuperación. Esperamos dejar de sufrir rápidamente o experimentar cambios evidentes en poco tiempo.
Cuando esa expectativa no se cumple, es frecuente que aparezcan la frustración, la impaciencia o incluso la sensación de que la terapia "no está funcionando".
A veces esa frustración se dirige hacia uno mismo:
"¿Por qué sigo igual?"
"¿Por qué no puedo mejorar?"
Otras veces se dirige hacia el tratamiento o hacia el terapeuta.
Sin embargo, la ansiedad por obtener resultados inmediatos puede hacer que perdamos de vista lo más importante: el proceso. Paradójicamente, esto ocurre con especial frecuencia en personas que consultan precisamente por problemas de ansiedad.
Cambiar toma tiempo
Muchas veces llevamos años —e incluso toda una vida— enfrentando las dificultades de la misma manera. Es comprensible que nuevas formas de pensar, sentir o relacionarnos no aparezcan de un día para otro.
Al comienzo suelen producirse pequeños cambios: comprender algo que antes no entendíamos, expresar una emoción que antes permanecía contenida o reaccionar de forma diferente en una situación puntual.
Con el tiempo, esos cambios aislados comienzan a integrarse y transforman progresivamente la manera en que vivimos, nos relacionamos y enfrentamos los conflictos.
Los cambios más profundos suelen ser también los más lentos.
A veces estamos cambiando sin darnos cuenta
Otra posibilidad es que los cambios ya estén ocurriendo, pero el paciente aún no logre reconocerlos porque sigue sintiendo dolor.
Es frecuente pensar que si todavía existe tristeza, ansiedad o angustia, entonces nada ha cambiado. Sin embargo, la transformación no siempre consiste en dejar de sentir.
Quizás hoy eres capaz de hablar de aquello que antes callabas.
Quizás estás poniendo límites donde antes no podías.
Quizás logras pedir ayuda.
Quizás continúas sintiendo tristeza, pero ya no permaneces paralizado por ella.
Incluso pasar de la rabia a la tristeza puede representar un avance, aunque subjetivamente se viva como un retroceso. La tristeza suele implicar un mayor contacto con el dolor y, muchas veces, constituye un paso necesario para poder elaborarlo.
El terapeuta, al observar el proceso desde fuera, suele identificar cambios que al propio paciente todavía le cuesta reconocer. Parte del trabajo consiste justamente en hacer visibles esos avances para que puedan integrarse como parte del proceso de cambio.
La psicoterapia es un proceso
En psicoterapia no buscamos únicamente que los síntomas desaparezcan lo antes posible. Buscamos comprender qué los originó, qué función han cumplido y desarrollar formas más saludables de enfrentar aquello que los mantiene.
Por eso, en ocasiones, sentirse vulnerable no es señal de que la terapia esté fallando. Puede ser la consecuencia natural de dejar de evitar aquello que durante mucho tiempo necesitó ser escuchado.
Los cambios más profundos rara vez ocurren de un día para otro. Se construyen poco a poco, sesión tras sesión, a medida que logramos comprendernos mejor y desarrollar una manera distinta de relacionarnos con nuestra propia historia.
Muchas veces el primer cambio no es dejar de sufrir, sino comenzar a comprender aquello que nos hace sufrir. Y, aunque al principio parezca poco, suele ser el cambio que hace posibles todos los demás.
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Sobre este contenido:
Los artículos de este sitio han sido escritos por mí en base a mi formación y experiencia clínica. Los videos corresponden a material de terceros con fines psicoeducativos. Ninguno reemplaza una evaluación psicológica o un proceso de psicoterapia, ya que cada persona requiere una comprensión individual de su historia y circunstancias.
