Salud mental perinatal
El embarazo, el parto, postparto y primer tiempo de crianza son momentos de profundos cambios físicos, emocionales, familiares y sociales. El período perinatal es una etapa de alta vulnerabilidad para la aparición, recaída y/o agravamiento de dificultades de salud mental, especialmente de sintomatología y cuadros ansiosos y depresivos. (Mendoza B. C. & Saldivia S., 2015; Stewart D. E., 2012).
Por eso es tan importante hablar de salud mental perinatal y poner especial atención a quienes se encuentran en esta etapa.

Pero hablar de salud mental perinatal no significa hablar solamente de depresión posparto o de trastornos de ansiedad. Significa comprender que convertirse en madre —y también en padre— implica una transformación profunda, que puede movilizar muchas dimensiones de nuestra vida al mismo tiempo.
Una crisis, entendida como transformación
La llegada de un hijo puede entenderse como una crisis vital. Y crisis no significa necesariamente algo malo. Es un período de cambio, desorden, intensidad y adaptación, pero también de oportunidad, crecimiento y transformación.
De pronto tenemos que construir una nueva manera de organizarnos, de relacionarnos, de cuidarnos y de entender quiénes somos.
Podemos estar profundamente felices y, al mismo tiempo, sentirnos cansados, confundidos, vulnerables o sobrepasados. Podemos amar profundamente a nuestro hijo y extrañar nuestra vida anterior. Podemos sentirnos muy conectados con nuestra nueva identidad y, a la vez, preguntarnos quiénes somos ahora. Todas estas experiencias pueden coexistir, y todas las maternidades son diferentes, y se encuentran dentro de un contexto de cambios hormonales y neuroquímicos que repercuten en prácticamente todos los sistemas del organismo.
Cambios en el cerebro y en nuestra química
Durante el embarazo y el posparto no solo cambia nuestro cuerpo por fuera, también ocurren importantes cambios a nivel cerebral, hormonal y neuroquímico. Nuestro cerebro se adapta a la llegada de un hijo y se producen modificaciones que ayudan a prepararnos para el parto, el cuidado y el vínculo con el bebé.
Por poner un ejemplo: la oxitocina es una hormona que participa de manera importante durante el parto, la lactancia y el vínculo. Su liberación tiene un efecto ansiolítico, media en el vínculo madre-hijo, aumenta la sensación de bienestar, entre muchas otras funciones. Esta se libera desde el embarazo para prepararnos para lo que viene. Luego, la misma succión del pezón estimula su liberación, y así otros sistemas de retroalimentación madre-bebé.
Sin embargo, estos procesos biológicos no ocurren de manera idéntica en todas las personas ni necesariamente de la forma en que imaginamos. ¿Qué pasa en el caso de las cesáreas con esta cadena natural de hormonas? ¿Qué pasa cuando no se logra o no se desea la lactancia materna? Son temas que poco se hablan y que necesitan también de mayor estudio y comprensión ya que los factores físicos, emocionales y contextuales influyen en cómo vivimos cada experiencia. Por ejemplo, algunas mujeres pueden sentir una conexión inmediata e intensa con su bebé, mientras que para otras puede ser un proceso más gradual, ambivalente o difícil. En solo esa experiencia hay muchos factores en juego.
¿Qué puede movilizar esta etapa?
La experiencia perinatal puede tocar muchas áreas de nuestra vida:
El cuerpo: Los cambios hormonales y físicos pueden transformar nuestra relación con el cuerpo, la imagen, la autoestima y la sexualidad. A veces aparecen, por ejemplo, antiguos complejos o formas de relacionarnos con nuestro cuerpo que creíamos superadas.
La identidad: Convertirse en madre implica incorporar un nuevo rol sin dejar de ser la persona que éramos. Cambian las prioridades, las rutinas, las responsabilidades y muchas veces también la manera en que nos pensamos a nosotros mismos.
Nuestra propia historia: La maternidad puede reactivar nuestra relación con nuestra propia madre y con nuestra historia familiar. Pueden aparecer pensamientos como “yo no quiero ser como fue mi mamá” o descubrir cuánto de nuestra propia historia influye en la manera en que queremos criar. También aparecen fenómenos como la proyección en el bebé, es decir, depositamos nuestras necesidades y carencias en el otro, depositamos nuestros miedos o inseguridades de infancia en el modo de criar.
El cuidado: Aparecen preguntas nuevas: ¿qué significa cuidar a otro?, ¿qué espera la sociedad que haga?, ¿cuánto puedo dar?, ¿qué pasa con mis propias necesidades?, ¿cómo puedo cuidar sin dejar de cuidarme?
La pareja: La llegada de un hijo transforma la dinámica de pareja. Cambian los tiempos, las responsabilidades, la intimidad, la sexualidad y muchas veces la forma en que nos comunicamos y nos acompañamos.
Las expectativas: Muchas veces llegamos a la maternidad con una imagen de cómo deberían ser el embarazo, el parto, la lactancia o los primeros meses. Cuando la realidad es diferente, podemos sentir frustración, culpa o decepción.
El trabajo y la autonomía: La reinserción laboral, la conciliación entre maternidad y trabajo, la pérdida o reorganización de espacios propios y la dependencia de otros para poder sostener el día a día también pueden generar importantes desafíos.
Las presiones sociales: Vivimos rodeados de mensajes sobre cómo deberíamos criar, alimentar, trabajar, sentir, vernos y compatibilizar todos nuestros roles. La sensación de que deberíamos poder con todo puede convertirse en una carga adicional.
El parto y la lactancia:
Pueden ser experiencias profundamente significativas y especiales, pero también pueden vivirse de una manera muy diferente a lo imaginado y, en algunos casos, resultar experiencias difíciles o traumáticas.
Los duelos: A veces hay que despedirse de ciertas formas de vida, libertades, proyectos, expectativas o incluso de la imagen que teníamos de cómo sería nuestra maternidad. Estos cambios pueden coexistir con una enorme felicidad por la vida que estamos construyendo.
Y hay muchas otras experiencias posibles que también son tratadas considerando el contexto perinatal: dificultades para lograr un embarazo, pérdidas, maternidades no deseadas, dificultades en el vínculo, aislamiento, y tantas historias diferentes como mujeres, hombres y familias existen.
¿Y los padres?
La transición a la paternidad también puede ser una crisis vital. Los padres también viven el embarazo desde su vereda, también son parte del parto, también viven las pérdidas; atraviesan cambios en su identidad, responsabilidades, relación de pareja y lugar dentro de la familia. Y, además, muchas veces tienen que encontrar su propio lugar mientras acompañan a una mujer que también está profundamente transformada.
Los padres también están aprendiendo a cuidar, criar, y pueden necesitar un espacio para comprender qué les está pasando y adaptarse a esta nueva etapa. Cuidar la salud mental de quienes están viviendo esta transición es, finalmente, una forma de cuidar también a toda la familia.
No tenemos que vivirlo solos
La salud mental perinatal no busca patologizar una experiencia que es, ante todo, profundamente humana, sino que busca:
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Acompañar sin juzgar.
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Psicoeducar.
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Contener.
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Poner en palabras.
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Comprender lo que está ocurriendo.
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Identificar cuándo algo necesita mayor atención.
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Encontrar herramientas e identificar lo que sí nos está funcionando.
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Elaborar aquello que esta etapa está movilizando.
No necesitamos esperar a estar completamente sobrepasados para pedir ayuda. A veces, tener un espacio donde poder decir “esto me está costando” y ser escuchados sin juicio puede hacer una enorme diferencia.
Una etapa desafiante, pero también llena de posibilidades
La maternidad y la paternidad no siempre son como las imaginamos. Hay expectativas que no se cumplen, hay momentos de cansancio, incertidumbre y dudas. Hay cosas que nos sorprenden y otras que nos obligan a reorganizarnos completamente. Pero también hay algo profundamente transformador en este proceso.
La llegada de un hijo muchas veces viene a mostrarnos que somos capaces de cosas que nunca imaginamos. Nos permite descubrir fortalezas que no conocíamos, nuevas formas de amar, y partes de nosotros mismos que quizás estaban esperando aparecer.
Mi formación en Salud Mental Perinatal
Como psicóloga clínica de adultos, durante estos años he podido acompañar a muchas personas en distintos momentos de sus vidas. Me ha tocado trabajar con mujeres y hombres desde antes de imaginar siquiera ser padres hasta las etapas de la crianza. Esto, sumado a mi propia experiencia como mamá de dos, me motivó a formarme en salud mental perinatal, y así poder entender mejor las particularidades del proceso, las razones biopsicosociales tras los fenómenos que lo acompañan, y poder acompañar de mejor manera en temas de maternidad.
Si tú o alguien cercano está atravesando un embarazo, un posparto, la transición a la maternidad o paternidad, está pensando en ser madre o padre, ha vivido una experiencia difícil relacionada con este proceso, o simplemente siente que necesita un espacio para comprender lo que le está pasando, pedir ayuda también es una forma de cuidarse.
